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domingo 1 de noviembre de 2009

Lo que dicen del agua

viernes 30 de octubre de 2009

Lo que dicen del agua

Quedó en el tintero V

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Hada Mariposa
Me quema el pecho

Dicen que el agua es un compuesto formado por dos átomos; que el término se aplica en el lenguaje corriente únicamente al estado líquido de éste compuesto. Algunos científicos piensan que sus constituyentes químicos deben haber existido en la nube primitiva que dió origen a nuestro sistema solar hace millones de años. En cambio, otros sugieren que una buena parte del agua terrestre pudo haber sido traída por aquellos cometas que fueron capturados por la gravedad de la Tierra y que terminaron por impactarse contra nuestro planeta... eso dicen entre muchas otras cosas, pero para mi el agua es solo esta travesura de los elementos que hoy moja mi cuerpo.
Sentado sobre el piso elevo mis ojos y, a medida que las gotas obligan a cerrarlos, mi cabeza se inclina hasta dejarme de cara a las alturas. Me cae lluvia sobre los ojos; con mi boca toco la superficie plegada de la tormenta y se despierta en mi paladar un resabio salado, profundo como los bosques. Cada gota que llega a mis labios me resbala directo hacia la garganta, degusto la humedad. Es un sabor ancestral, hecho de musgos y de azahares, con vida de mar y densidad tallada por los milenios.
Se me antoja inventarme artista, director de orquesta. Con mi lengua comienzo a dirigir la tormenta, acentúo los bajos para que las ramas lejanas tiemblen como cuerdas, mientras los vientos gimen trepando en volumen y los pulsos aceleran su tiempo. Sigo absorbiendo cada gota que se desliza hacia mi yo concentrado en esta tarea de privilegio; doy un nuevo impulso a los elementos y siento allí arriba un gruñir que, en delicada suavidad creciendo hacia lo feroz, hace temblar el cielo hasta resolverse en una sola y poderosa nota: es grito triunfal que sentencia el fin del aguacero.
La calma retoma su presencia en el entorno, los vientos se convierten en suaves suspiros. Abro los ojos y veo como la masa de difuso vapor se disuelve lentamente al tiempo que las últimas dos o tres gotas golpean mis mejillas y, por entre las nubes ya dispersas, diviso la soleada sonrisa de Natalia...
Aflojo entonces la tensión que mis manos ejercen sobre sus caderas y alejo mi cara de su empapada intimidad al tiempo que ella -saliéndose de la ducha, totalmente ajena a lo que puedan decir del agua- me propone:
-¿Vamos a desayunar?

Ocurrió hace un lustro, en una mañana cercana a otra nueva primavera, y aún suena en mi mente esta canción ("You're the first, the last, my everything" por Barry White):

sábado 17 de octubre de 2009

Suburbios de mi piel


La primavera porteña es esa época del
año en que los culos de las mujeres
florecen bajo la ropa invernal.

Así como no busco entenderte, si no gozarte en abundancia; carezco de impulsos por comprender ese proceso estacional, lo que quiero es vivirlo. ¿Puede explicarse un atardecer?
Si tanteo el misterio de este poro tuyo uno en un millón, no es para tomar nota si no más bien para memorizarte desde mis dedos; y que al pasar mi anhelo por tus pliegues no deje sin hermanar un solo relieve de tu memoria, claro o terso, intenso o etéreo, subliminal o calcinante en todas las estampas que se te ocurra modelar.
Luego de tu paso por el sur de mis días no sé si mi piel es la misma, ya no la siento igual. Ahora falta que mi carne asuma la bruma, la espuma que dejó sobre estas orillas un fatal aroma a vos, determinando mi conciencia cardinal.
¿Donde se metió el sol cuando amaneciste por el norte de mi piel? Porque el brillo que pintó la luna entera de tu mirada satelital de mi ego, no provenía de ningún astro generoso, si no del roce conquistador de tus presencias sobre mis ganas.
Te tuve aquí, sobre el patio que mi pecho germinó para tu atributo de magnolia regalando tangos nunca antes bailados; te tuve allí, en el límite que mi tacto le puso al dolor dibujando amores sobre el papel de tu vientre.
Un cofre lleno de gemidos, desnudeces acicaladas, sueños como jinetes, mi boca, tu boca, mi aliento, el tuyo, mi mano, tu dedo allí donde muere el mundo y nacen dragones y hadas...
Gracias por esta piel, que ardida yace luego de tus suspiros transitándola. La noche sólo le daba a mis pupilas un velo protector sin luz... preciso fue el momento de tu arribo para desbordarme de río lunar plateado, luminoso desde tu redondez de mujer trayendo brillo al reverso sombrío de mis besos.
Toda historia es inconclusa desde la no eternidad que nos confina. Pero tenerte en el invierno de mi cuarto me trocó en un dios recién parido, con dones ignotos para lo humano: supe sacar alas, recorrer profundidades abisales, agitar los bosques, crear mariposas sin bajarme de éste pequeño rectángulo de sábanas en el que medianoches perennes se pusieron por ropa tu silueta.
Piel y sur, mis días; los que nunca serán como fueron desde que vos, luna encandiladora, dio brújula nueva orientando noches a mi yo navegante.
Mi alma es piel y aún tiene suburbios no poblados. ¿Que esperás para concebir aquí jardines, arrojar por allí pasos, más acá desparramar besos y en aquella esquina depositar la farolada luz de tu mirada?
Antes de zarpar he dejado el caballo alado de mis pensamientos en tus manos, para que le des de beber y no muera cristalizado. Aún queda mucha primavera por regar y lo que quiero hoy -volviendo a puerto- es que sea tu contorno el que florezca bajo mis manos todavía invernales.


miércoles 8 de julio de 2009

Otra vez... gracias





Quiero agradecer dos cosas.
La primera: la buena onda dejada en los últimos comentarios por muchos de ustedes.
La segunda: los últimos 4 premios recibidos, Premio "Magia" otorgado por Shanty; "Premio Poesía" y "Ángel dorado" por Lunita. Y Premio "Esfuerzo Personal" por Geni.
Gracias a todos.

lunes 22 de junio de 2009

Lobo soy

La mujer suele identificarse mucho con la luna, dicen que la naturaleza de ambas es dual, un lado brillante y el otro oculto.
Existe una razón por la cual no me siento demasiado afectado por el futuro: he sido amado. Tal vez no tuve continuidad en ninguno de esos amores por la simple utopía de desear la llegada de aquella que me muestre sus dos caras, pero también las he amado aún dentro de lo efímero de esas relaciones.
Esta prosa estuvo motivada por ese momento incomparable, el más estimulante que vive un hombre: el de sentirse claramente observado por una mujer.


Nací alma curiosa pisando gastados rastros de otros seres; pero vigoroso mi cuerpo mostró en todas sus fibras el juego intenso de la vida.
Salí entonces a retozar bullicioso y excitable sobre los pastos de la algarabía hasta perder entre desacertadas costumbres lo espontáneo de mi reír y así, combatiendo domesticaciones, busqué recuperar lo ancestral de mi sangre y me hice animal salvaje mostrándome dócil encubriendo ferocidad.
El reclamo interior no tardó en aflorar y brotó con fuerza irresistible. Supe detener el tiempo, porque la naturaleza del alma no entiende de relojes y es capaz de inmovilizar la eternidad canjeando minutos por aire. Y ese aire pasó por mis arterias en torrente inevitable llevándose todo lo instalado en mis días, lo superficial, lo caduco de mi mente joven. Radiante y nutrido sentía escaparme de un cuerpo que, aún siendo propio, parecía no responder a tanta pluralidad de impulsos. Y viví como el instinto me lo pedía, arrebatado de pasión, cegado de delicias, pateando fantasmas hasta verlos rebotar por las estrellas.
Por momentos caía a la tierra víctima de algún choque emocional. Pero mi olfato me daba desde allí abajo una pista nueva tras la cual correr con renovado impulso; el poderío de lo ancestral se mantenía vivo en mis sentidos. El resto de la manada no veía la transformación que en mí se operaba y partí, volví, reí, lloré, anuncié, callé, combatí, gané, perdí, viví...
Entonces mi caudal interior aminoró su marcha y desembocó en el lago manso de lo frecuente, dio una última evaporación que luego fue lluvia, y escampó. La brisa calma que devino dejó suaves mareas sobre mi costa adulta y fundé manadas y volví al bosque poblado de cotidianeidades recuperadas. Mi pelo se confundió con la nieve de la montaña y me hice un poco más sabio tomando viejas enseñanzas para devolverlas mejoradas.
Pero algo seguía faltando. Ese ámbito que ofrecía alimentos carecía de un centro energético donde poner a remozar mis pensamientos, y en mí se enlazaban el pasado y el presente con un renovado deseo de perpetuidad. Y la sangre volvió a palpitar en su ritmo más genuino sometiendo los sentidos a la marea de la vida, doblegándome ante ella como junco al huracán.
Y mis ayeres se transmutaron en un solo y único ahora. Vagué perdido por el bosque entre árboles añosos que reclamaban respeto por lo establecido, crucé arroyos de líquido amargo, salté desde altas rocas acumulando dolores, perdí pelaje en riñas con rivales más poderosos y me lamí las heridas solo, oculto en la oscuridad más profunda.
Y cuando ya no esperaba señales un nuevo llamado repercutió en mi alma, al final del sendero una luminosidad diferente estimuló mi naturaleza masculina. Penetré en el claro como en una catedral virgen, todo allí estaba dominado por un resplandor novedoso; por primera vez levanté hacia el cielo nocturno otros ojos, nuevos, alucinados, para descubrirte, brillante, única, con la redondez de los sueños... te vi, así te vi.
Y al verte recordé el error de haber asistido a otros llamados en torpes desencuentros de carne ajena, alimentándome mal, sin entender la savia de tu esencia ni lo sabio de tu ciencia que me venía iluminando en callado mensaje, desde el tiempo en que las mareas te siguen el paso. Tal vez no estaba preparado para verte en todo tu esplendor, pero aquí estoy, con la piel transitada y los caminos transpirados; vacío de impotencias, todo hecho fragor y con más hambre que nunca.
Cuando elevo la vista, los poros se me llenan de cumbres. Una sola altura no me alcanzará para sentirte entera, seré insaciable escalando las montañas del mundo, en busca de tu placer en mi boca y del mío en tus sueños.
Busco ahora en las partículas de tu superficie todo aquello que alimenta asombros, tostando inviernos, condimentando afanes. Y mientras tu naturaleza de mujer danza en ciclo lento por encima de árboles milenarios, al observarte intento comprender aquello que no es religión si no destreza: tu paso por el cielo de mis años atañe a lo virtuoso con filetes de magia. Estoy aprendiendo a conocer la grafía perlada de tu rotación, pura en mil sentidos, lúcida y pensante, atrayente y vestida de soledad.
Mis fauces proyectan la tormenta que arrasará tu llanto universal, no llenes esos mares vacíos con tu propia humedad, dame tiempo para volcar agua en ellos. Hoy lanzo mi aullido para que tiembles dejando deslizar tu aislamiento de satén, lameré tu palidez y mi melodía penetrará tus cráteres, aún sin tocarte.
Al borde de mis días, te he encontrado.
Vanidoso mi ego aúlla, lobo soy y tengo luna.

"Todo lo que diga está demás, las luces siempre encienden en el alma..."

Escuchá "Un vestido y un amor" de y por Fito Páez:

jueves 18 de junio de 2009

Flexionando mucho: Fabricante de recuerdos

Disculpen lo fatal de mi comienzo: en el futuro están todos los finales.
Me declaro un fabricante de recuerdos. Porque el presente es una ilusión que luego de una microfracción de segundo ya es pasado.
Bebo este café. Disfruto los rayos de sol que caen sobre el mar. Oigo una melodía. Miro una mujer que se sabe mirada por mí... Segundos más tarde de la bebida queda solo su sabor; del sol una fina línea en el horizonte crepuscular; de la canción su silencio; de la mujer la sensación incomparable de haber existido para ella durante un corto fragmento temporal. Conciente de estas ausencias que raudamente se producen, he fabricado un nuevo recuerdo. Es una actitud artística, sin dudas.
No disfruto la experiencia tanto en el momento de la creación como en todos sus después. Y no busco hacer de esto una teoría, solo cuento lo que siento. Es posible que las cosas no resuenen tal como fueron, pero lo que importa es la sensación que se apodera del recuerdo al momento de recordarlo.
Más allá del vidrio de la mesa de este bar, una mujer de estilizadas piernas le regala al mundo su andar. No niego este regocijo, solo digo que la imagen que de esa desconocida me queda, tiene más vida en el recuerdo que en su efímero transcurrir.
Pienso en todo aquello que me gratifica: la sonrisa de mi hijo bebé, los cuentos contados junto a la fogata, la respiración de ella sobre mi pecho, la alegría de aquella perrita negra en cada regreso mío, las partidas de ajedrez con mi padre... Todo lo hermoso habita solamente en el recuerdo, lo demás son figuraciones.
El futuro no existe, lo que se desea puede sobrevenir o no. La planificación se dá en el presente que, a su vez, es fugaz. Deseo tener mi tango íntimo con ella, disfrutar de su figura y su respiración. Sin su preparación el acto no llegará a concretarse, y sin su concreción no ocurrirá; pero eso no es futuro, es un ahora que pasa intermitente cabalgando segundos alados que se evaporan en el viento de las horas. Y cuando ocurre es presente, y ya es recuerdo.
Me sumerjo aún más en lo abisal de mi pensamiento y encuentro un tesoro antiguo. Y con avaricia de pirata me apodero de una joya particular: un llamador de recuerdos. Es que aquellos recuerdos fabricados pueden convocarse por propia voluntad desde pequeños actos. Por eso bebo otro café: porque al beberlo vuelve a mí el placer repetido de esa foto de hermosa sonrisa, el cosquilleo que una vez sentí mientras abría su primer mail, con en alma en la pantalla y una taza en mi mano.
Quizás alguno de ustedes se pregunte: -Y con los momentos tristes... ¿que hay que hacer?.
¿Momentos tristes? Para ellos fabrico olvidos.

Aquí les dejo un tango típico,
"Tal vez será su voz" por Roberto Goyeneche:

martes 9 de junio de 2009

Agradecimientos retrasados





En los últimos tiempos he recibido algunos gratos estímulos de parte de gentiles blogueras que paso a mencionar:

La amiga Rosario, me ha obsequiado el premio: "Gracias por tocar mi vida".

Por su parte Marga Fuentes, la de la bella voz, me ha dedicado el "Premio violeta".

Y la bella Geni, me ha dejado varios premios y regalos, por ahora publico estos dos: "Feliz por tu amistad" y "For the coolest blog I ever know".

¡Millones de gracias queridas amigas!