Este sitio contiene una serie de relatos sin orden. No es de actualidad y por eso lo anterior es tan válido como lo último. En la columna de la derecha, en la sección "Para leer" están los enlaces a cada texto. Espero les gusten, gracias.

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Hasta siempre...

No me crecieron alas en la espalda.
Hice todo lo posible pero no hubo caso,
por eso vuelo con la imaginación.
Y se me da por meterme en los rincones del viento,
para ver con ojos de cóndor
allí donde no se llega con los pies.
Y posar en la cumbre de los sueños a esperar el amanecer.
Y despertar. 
(Navegante, noviembre 2019)

Este blog llegó a su fin. Lo que tenía para contar ya lo he contado; las historias que le dan forma son reales, ese es el límite. Podía haber agregado alguna más, pero carecen de aquello que invite a lo literario.
Escribir aquí para mí fue como crear un libro de relatos, que no necesariamente exige comenzar por el principio. Cualquier entrada puede ser leída antes o después.
Cada tanto vendré a releer los motivadores comentarios que ustedes han dejado a lo largo de casi once años, pero no más que eso. He conocido gente maravillosa, quedo infinitamente agradecido por los gratos momentos que pasamos juntos.
El sitio no será borrado, aquí quedarán los principales escritos cuyos enlaces dejo a continuación para quien quiera leer, o releer. Y quien quiera dejar algún comentario más podrá hacerlo en las entradas principales.
Hasta siempre…

Sección "Amores furtivos":
Sección "Las mujeres que me habitan":
Sección "Signos"
Sección "Suburbios"
Sección "Quedó en el tintero"

Poblame


Así como no busco entenderte, sino gozarte en abundancia; carezco de impulsos por comprender ese proceso estacional, lo que quiero es vivirlo. ¿Puede explicarse un atardecer?
Si tanteo el misterio de ese lunar tuyo uno en un millón no es para tomar nota, es para memorizarte desde mis dedos; y que al pasar mi anhelo por tus pliegues no deje sin hermanar un solo relieve de tu memoria, claro o terso, intenso o etéreo en todas las estampas que se te ocurra modelar.
Luego de tu ruta por mis días no sé si mi piel es la misma, ya no la siento igual. Ahora falta que mi carne asuma la bruma, la espuma que dejó sobre estas orillas un fatal aroma a vos en cada tarde, en cada noche, determinando así mi conciencia cardinal.
¿Donde se metió el sol cuando amaneciste por el sudeste de mi piel? Porque el brillo que pintó la luna entera de tu mirada (satelital de mi ego) no provenía de ningún astro generoso, sino del roce conquistador de tus presencias sobre mis ganas.
Te tuve aquí, sobre el recuadro que mi pecho germinó para tu atributo de magnolia regalando bailes nunca antes bailados; te tuve allí, en el límite que mi tacto le puso al dolor dibujando amores sobre el papel imaginado. Y se me da por guardar para vos un baúl lleno de gestos por venir, con caricias suspendidas y sueños alados, mi boca aquí, tu boca también aquí, mi aliento, el tuyo, mi mano, tu mano donde muere el mundo y nacen dragones y hadas...
Gracias por esta piel, que ardida yace luego de tus suspiros transitándola. La noche sólo le daba a mis pupilas un velo protector sin luz... preciso fue el momento de tu arribo para desbordarme de río lunar plateado, luminoso desde tu redondez de mujer trayendo brillo al reverso sombrío de mis besos.
Toda historia es inconclusa desde la no eternidad que nos confina. Pero tenerte en el febrero de mi cuarto me trocó en un dios recién parido, con dones ignotos para lo humano: supe sacar alas, recorrer profundidades abisales, agitar los bosques, crear mariposas sin bajarme de mi pequeño mundo en el que medianoches perennes se pusieron por ropa tu silueta.
Piel y afanes, mis días; los que nunca serán como fueron desde que vos, luna encandiladora, dio brújula nueva orientando noches a mi yo navegante. Mi alma es piel y aún tiene suburbios no poblados. ¿Que esperás para concebir aquí jardines, arrojar por allí pasos, más acá desparramar besos y en aquella esquina depositar la farolada luz de tu mirada?
En cada noche estival -al zarpar nuevamente hacia mi soledad- he dejado el caballo alado de mis pensamientos en tus manos, para que le des de beber y no muera cristalizado. Aún queda mucho otoño por regar y lo que quiero hoy retornando incansablemente a tu puerto, es que sea tu contorno el que florezca en primavera anticipada bajo mis manos, para que ya dejen de ser invernales. Poblame, poblame ya.

Entrada relacionada: La sombra del mandato