POR MOTIVOS PERSONALES HE DECIDIDO PUBLICAR SÓLO PARTE DEL MATERIAL ORIGINAL DE ESTE BLOG.
EL RESTO SERÁ PUBLICADO EN SU MOMENTO.


Todos los derechos reservados.
Obras protegidas por copyright.

e-mail:
navegantedelalma@gmail.com

Muecas de lo infinito


Algunos años después volví a pasar por esa plaza y aún estaba yo allí, en el mismo banco, petrificado. Una estatua más.
¿Cómo describo con palabras aquello para lo cual no ha sido creada palabra alguna, que siendo único es igualmente indestructible, que ni los dioses pueden perturbar y que en su vital naturaleza da vueltas por el cosmos para posarse sobre mi unos instantes y seguir su rumbo, quedando a contramano instalado en el ardor de esta piel mía?
He sido una persona ávida de arte y humanidades que se anotaba en casi todo: talleres de literatura, cursos de filosofía, conferencias sobre artes plásticas, seminarios de música, cine debate y más.
A Mariela la conocí en un curso de francés, el primer día llegué tarde y sin pensarlo me senté junto a ella por el simple hecho de que era una mujer. Aunque a simple vista no despertó en mí ninguna sensación particular, paulatinamente descubrí que su belleza era de esas que se abren de a poco.
Comenzó a seducirme su rostro pueril y su manera de concentrarse al escribir, aún recuerdo la fragancia que dejó en el aire al sentirse observada. Al finalizar esa primera clase intercambiamos unos pocos datos y salí de la sala preguntándome como sería tener entre las manos ese rostro con todos sus mensajes. Con el tiempo sabría que eran muecas de lo infinito.
Pelo castaño muy oscuro con flequillo pícaro, piel blanca pero con cierto velo trigueño, ojos de horizonte nocturno muy expresivos, sonrisa infantil, labios gruesos en boca de rosada humedad, baja de estatura, ni gorda ni flaca, bien formada. Transitaba los días finales de sus diecisiete años, lo recuerdo bien: abril de 1977, a un año de iniciado el último período dictatorial en Argentina, tiempo de dureza sin piedad. Yo tenía un par de años más que ella.
Tres días después la clase coincidía con su natalicio. Nuevamente sentados uno al lado del otro en un momento discursivo de la profesora deslicé una hoja con el texto feliz cumpleaños, me lo devolvió con una sola palabra, gracias. Por entonces no tenía desarrollado un estilo propio de escritura y como pude descargué en el mismo papel algún pensamiento fingidamente poético con algunos halagos, así comenzó un diálogo escrito que se extendió durante largos minutos.
Al finalizar la clase la invité al bar de la esquina.
-Pero un ratito nomás -dijo con cierto aire que me pareció de timidez-, debo estar pronto en casa.
Ese bar merecería de mi parte una descripción lírica. No se dará en este relato, pero digo que allí viví los inicios del verdadero amor, del amor que desangra, que te mete una roca en el pecho una vez perdido. Ese sitio ya no existe, esa esquina céntrica en pleno Buenos Aires muestra hoy un comercio embustero a mi alma bohemia.
No contuve por mucho tiempo el impulso de achicar distancias. Acodados sobre la mesa, cercanamente, se me hacía fatigosa la media hora en la que por primera vez no hablábamos de costado sino mirándonos, emancipados de la curiosidad de la profesora y los compañeros. La tomé de la nuca y obligada su boca al urgente contacto con la mía, no la besé sin antes rogarle en susurro:
-¡No me lo prohíbas!-
Y ya no me detuve en el arribo a ese punto del aliento en flor, que derivó en un nuevo aliento creado por la mezcla del suyo con el mío.
Ella concedió de la misma manera en que sobre el asfalto la tarde se entregaba a la noche: silenciosa y vencida.


Lo que más me prendía de su personalidad era la capacidad de ver la realidad social. En un momento en que la mayoría de la gente –me incluyo- estaba en la más absoluta ignorancia por cobardía o estupidez, ella sabía ver en lo velado. Me remito a los hechos.
En una oportunidad estábamos viendo por televisión un partido de tenis, uno de los integrantes del equipo argentino era Guillermo Vilas y se jugaba de local contra los Estados Unidos. Al finalizar con victoria para los de acá, los jugadores se acercaron al palco del dictador, allí presente, a festejar con él y ante la sonrisa del general Videla ella me dijo:
-Sonríe pero debe tener bronca, él está a favor de los yanquis.
Muchos años me llevó comprender su comentario. Luego, al repasar la historia de mi país, al tomar conciencia de que en esa época se inició otra gran entrega a los poderes económicos extranjeros que llegó a su punto máximo en la pseudo democracia de Menem, no puedo menos que admirar su lucidez a pesar de su corta edad.
Pero vuelvo al amor, porque esos primeros tiempos con ella están entre los más deliciosos que viví. ¡Qué maravilla todo aquello junto a su cuerpo, que tardó algunos meses en entregarme!
No sé porqué, tal vez no importe, pero algunas chicas creen que a todos los hombres nos gusta la mujer con mucha experiencia sexual. Aquel momento del primer beso me había contado que no era virgen, por eso no entendía el retraso a la intimidad conmigo. Pero el día llegó, fuimos a un hotel y su gesto al ver la cama me arrojó dudas sobre la veracidad de esa experiencia declamada.
Al final del acto vi gotas rosadas sobre la sábana celeste, no dije nada. Más tarde, ya en mi casa, sonó el teléfono, era Mariela que con voz novelera me dijo:
-Quiero que sepas que era virgen, hoy dejé de serlo.
Ningún hombre puede negar que la primera entrega de una mujer eleve su ego. Si algo debía llegar hasta mí para completar un día pleno, era precisamente una noticia como esa. Sin embargo -y con el tiempo- mi sensación se modificó. ¿Había mentido antes o después? Las pocas gotas rosadas no eran prueba clara, la duda se prolongaría siempre. Años después ya no importaría.


Mariela tenía sutilmente definida su dualidad femenina, no era del todo consciente de eso, sin dudas yo tampoco. Era conmigo una y me dejaba ser con esa parte suya; pero al mismo tiempo contenía su mujer interior para algo que estaba más allá de la relación conmigo. Ni se me ocurrió llegar hasta allí, me quedé en esa etapa egoísta en la que sólo veía en el otro lo que necesitaba ver. No comprendí que lo que ella fuera conmigo, sumado a lo que poseía en su interior profundo me podría haber dado dos mujeres en una. Me quedé con una parte, desperdicié la otra.
El lado suyo que me pertenecía era como una alfombra mágica para mí, podía pedirle que se disponga a levantar vuelo para llevarme a lugares inesperados; y allí íbamos los dos, ella complaciéndome y yo volando de placer. Sé que lo hacía por amor, no tengo dudas de que fui amado intensamente, me lo decían sus miradas, sus señales corporales, su alegría al estar conmigo en la intimidad, su confesión de sentirse mareada ante la cercanía de mi piel… -¡tu piel, ay, tu piel!-.
Ese vuelo producía en mi cuerpo un estado de exaltación y me trasladaba a otro centro del mundo, a otro punto de conciencia.

Tus pechos prominentes
derivan en tornasoles,
formas que en perspectiva
se distribuyen armónicas
contra el vacío de mundo
que provoca en mí esa visión:
aquí vos, luego la nada.

Con ella eran las tardes, todas las tardes de un año abundante. Nunca una noche, épocas de control maternal sobre jovencitas como Mariela; así eran los tiempos, fuego y bala en las calles, estado de sitio al anochecer.
Pero esas tardes tenían un brillo consumado. Frecuentábamos la piel del otro con una complicidad y ternura propias de las novelas; amasábamos inviernos a cuatro manos, nos adjudicábamos el verano gestando ayes de gaviota y espumas en la cresta de los sueños.
Te amo, yo te amo más, cuanto te siento, mi ángel, quiero tenerte siempre así, no me dejes nunca… y yo entregado a Mariela retozaba en libertad. No imaginaba el futuro sin ella, la veía y vibraba, palpitaba trepidaba agitaba latía y me titilaba todo. La mezcla de sensaciones era perfecta, deseo sexual y ternura en altas dosis, sobre todo cuando posaba en mí esa mirada que desde muy adentro suyo desprendía resultando alborotadora en su equilibrio, con ojos y pupilas de domadora de lluvias.


Le debo a ella no sólo el compartir de manera tierna las tardes en el parque, los momentos de penumbra en el café, su sonrisa infantil claramente gestada para mí, innumerables detalles que al ser descritos pierden valor. Le debo también el haberme puesto en contacto con los escritos de Cortázar, más precisamente Modelo para armar, libro complejo que a su edad ya había leído, siempre admiré eso. No solo esas cosas pequeñamente inmensas le debo, también otra esencial que intentaré describir con el cuidado que se merecen ella y el mundo nuevo que abrió para mí.
En un anochecer otoñal de fresco intenso pero grato a mi gusto, nos encontrábamos sentados en un banco del bosque de Palermo, ocurrió antes de aquel primer encuentro sexual ya relatado. Con timidez propia de los adolescentes de por entonces y un deseo que se hacía incontenible, le llevé su mano hacia mi miembro y le pedí que me diera un beso allí.
-¿Un beso?- me inquirió con sorpresa.
-Si- le respondí entre temblores mientras abría mi pantalón.
Sin ser un gran conquistador he tenido algunas vivencias importantes y me sigo preguntando, aunque no sepa la razón, porqué las veces que he pedido que me lo besen, en vez de besarlo se lo ponen dentro de la boca. Y eso mismo es lo que ocurrió para mi sorpresa; probablemente ella haya pensado que eso pretendía, pero lo niego con sinceridad.
Había ya sentido allí alguna otra boca, pero sin eyacular dentro. Esa vez ocurrió y me marcó para siempre, a tal punto que durante algunas semanas no pude ver una mujer cualquiera sin pensar en cómo sería derramarme en ella de la misma manera. No sé, tal vez la tibieza o la humedad de la boca de Mariela, tal vez la práctica que desarrolló durante más de un año cuando frecuentábamos plazas, hoteles, mi habitación… por algo de todo eso sería que no hacía yo otra cosa más que pensar en ello. ¿Cómo no sentirme profundamente deseado cuando en ocasiones me preguntaba que había comido al notar en mi semen un sabor nuevo o diferente?
De su boca primero las palabras, luego la sonrisa, más tarde besos, finalmente eso nuevo que me permitió afirmarme como hombre. Gracias a ella, supe todo lo que se dimensionaba en una boca de mujer.


Se me ocurre pensar que en la mujer, el distanciamiento de su yo externo con su yo profundo, la convierte en un ente casi fantasmal y le prepara inevitablemente una erupción para luego, sin volver a ser la misma, salir de ese período dando nacimiento a una nueva mujer. Es un acto instintivo casi animal, reflejo, creativamente sabio.
Una tarde, luego de un año y medio de relación, me inquieté al verla: algo en su aspecto había mutado, estaba más fea, pero no de fealdad física, si no interna, que se reflejaba en lo físico, claro. Me miró, sonrió y guiñó un ojo, con eso su gracia se recuperó un poco, pero no quise engañarme, algo andaba mal. Sabiendo de su gusto por el dibujo artístico le propuse participar juntos de un taller de pintura, acto que intenté desde otro ángulo de acercamiento. Durante un corto período repuntó su ánimo, pero finalmente fue peor por culpa de un hecho absurdo.
Un día la profesora al observar su trabajo la catalogó de perfeccionista, en cambio al ver el mío exclamó ¡por dios, que mano tenés para las elipses! Eso visiblemente la afectó, es más, me confesó sentirse mal cuando que la interesada en dibujar era ella. Creo que en ese momento vi por primera vez algo de su interior profundo, tarde, casi dos años tarde. No reaccionó así por envidia o inmadurez, no, para nada, era algo inmensamente más suyo. No debí ocupar sus espacios, posiblemente no se hubiera alejado tanto de mí.
A partir de allí busqué desarrollar con avidez masculina la capacidad de comprender que existe otro lado en la mujer, el cual las hace más fieles con uno, más libres y mejores amantes. Pero en ese momento sentí derrumbarse el castillo que construyó para mi placer y felicidad, ya no tendría ese firmamento sorprendente que me enamoró y que en algún momento creí poseer eternamente.
Una mujer con su naturaleza intacta no puede permitirse la anulación de su instinto. Ella no estaba bien, pero comenzaba a parir una nueva Mariela, para eso debía dejarme atrás. Sabía por intuición que ciertas felicidades son trampas para alejarse del camino y al borde de la destrucción de su alma supo desprenderse de la vieja piel, aún estando yo allí pegado.
La última vez que hicimos el amor estaba descontrolada, cuando que siempre participó con dulzura esa tarde se movía furiosamente, algo salvaje se sacudía dentro de ella, me pareció entender que su cuerpo se estaba despidiendo del mío. Hoy mi madurez permite una mirada retrospectiva más o menos clara; jamás quise destruir nada de lo suyo, contrariamente deseaba darle bienestar, la veía feliz en lo sexual y en lo cotidiano. Nunca comprendí el cambio tan brusco y un día de características tragicómicas, llegó el final.
Fue cuando Argentina perdió con Italia durante el Mundial de 1978. Había venido de visita a mi casa una tía, luego de almorzar vimos el partido en familia y quedé con rabia por la derrota. Más tarde sonó el teléfono ubicado en otra habitación, atendí, era ella, ya no te quiero, me dijo sin mucha vuelta.
Segundos después mi tía se acercaba para despedirse, me encontró destrozado y con los ojos rojos. Con ternura y comprensión me aconsejó:
-No sufras así, es sólo un partido de fútbol.

No era un dolor, era una roca
dentro del pecho.

Escribo todo esto porque es mi forma de vomitar. Mi condición masculina y por lo tanto vueltera me empujaba a encontrar una explicación, quizás lo irónico sea que dejó de quererme y punto.
La última imagen que guardo de Mariela tiene por marco un mediodía de pleno movimiento laboral en Buenos Aires. A un mes de finalizado el evento futbolero, me ubiqué en una esquina a esperar su salida del trabajo.
Se sorprendió al verme, estaba más fea que nunca y desprolijamente vestida. Caminamos por inercia una cuadra hasta la plaza, nos sentamos en un banco y luego de preguntarme como estaba mi mamá se levantó sin permitirme hablar y se alejó con una frase que hasta hoy me resulta enigmática desde su aparente simpleza:
-No olvides que tu vida es tuya.
No volví a pasar por ese lugar, temo verme aún sentado en el banco, petrificado, como una señal más de lo impenetrable, como una estatua a la desolación.

38 comentarios:

  1. Que alegría me ha dado cuando he visto que hayas publicado y como siempre ¡me encanta! tus historias y esa manera tuya de escribir me hacen disfrutar cada palabra.
    te he echado de menos, espero que no nos dejes con la miel en los labios y te marches de nuevo.
    Besitos mi querido amigo.

    ResponderEliminar
  2. Querido Caballo Alado,
    cuando vuelves a un lugar que dejaste hace mucho tiempo, notas que todo es distinto. Así me ha parecido a mi. Y aunque no sé decirte cuánto y qué hay de distinto en tu relato, advierto que éste aparte de hermosísimo tiene un nucleo que me ha parecido aún más belloy profundo a la vez: esa descripción de la "otra" vida de ella..de ese lado creador, implicado en ideas , en política, el lado que decidió desarrollar y para eso necesitó volar sola.Tu entonces no lo entendiste porque el amor marcó muchísimo esa relación pero luego comprendiste un poco y entendiste el otro lado femenino, aquel que durante muchos siglos y en casi todas las civilizaciones ha sido rechazado o cuanto menos trivializado y que por fin en nuestros países, al menos los desarrollados, ha podido por fin salir a la luz y las mujeres pueden desarrollarse con el mismo esplendor que los hombres.
    Decirte quiero que tu belleza narrativa me inunda de placer, como siempre:
    "así eran los tiempos, fuego y bala en las calles, estado de sitio al anochecer.
    Pero esas tardes tenían un brillo consumado. Frecuentábamos la piel del otro con una complicidad y ternura propias de las novelas; amasábamos inviernos a cuatro manos, nos adjudicábamos el verano gestando ayes de gaviota y espumas en la cresta de los sueños."
    Qué imagen!!..qué contenido !!
    Y qué decir de :
    "Tus pechos prominentes
    derivan en tornasoles,
    formas que en perspectiva
    se distribuyen armónicas
    contra el vacío de mundo
    que provoca en mí esa visión:
    aquí vos, luego la nada"
    esa mezcla de erótismo y existencialismo agitada por ese exclusivo chef de la escritura imaginativo y preciso ue eres ..
    Me pareces genial escribiendo!!
    Un besazo!!

    ResponderEliminar
  3. Todo se transforma... Se va transformando lentamente o simplemente de forma súbita. Dejar de ver o no querer ver es lo que aleja a las personas. Estoy convencida de que el tiempo tiene dos efectos igual de poderosos sobre las relaciones: las consolida para toda la eternidad o las destruye por completo. Porque creo en la eternidad sé que hay lazos profundos que unen las almas a pesar de que las personas se separen por poco tiempo o por todo un período vital. Porque conozco algo de la naturaleza humana sé que vivimos buscando 'versiones mejoradas' de nosotros mismos o modelos arquetípicos que solventen complejos sicológicos ;) ... En ninguno de los casos el efecto del tiempo es el amor.

    Pero sobre todas las cosas, creo en el AMOR. Y sé que el amor nos DESPIERTA. Pero también sé que requiere de un largo aprendizaje el diferenciarlo de cualquier otra cosa que en primera instancia pueda llamarse con su nombre. Y en ese aprendizaje cada encuentro nos proporciona el maestro y la lección.

    No sé por qué he pensado en esto al leer a Mariela y el tiempo que compartieron en tus letras... La gente debería separarse cuando 'ya no se quiere' y punto. Shakespeare decía que los cobardes mueren mil veces.. Nada peor que la muerte lenta de quien fuimos alguna vez con pequeñas renuncias y olvidos de nosotros mismos hasta que llegue el día en que ya no queda ni la sombra de lo que el otro vio en el primer encuentro de nuestras miradeas. El amor nunca supone la pérdida de uno mismo... Sí la renuncia al ego, sí el sacrificio y la dicha de ir siendo todo lo que podemos llegar a ser, si la entrega incondicional... Pero nada de eso nos pide a cambio la propia identidad.

    En fin... Me pasaría horas escribiendo sobre todas las cosas que me inspiran tus escritos... Pero me temo que prefiero releerlos para terminar de descubrir la riqueza de su contenido ;)

    Gracias por tu mensaje en mi blog, querido amigo... Cuando la soledad ya no me sea indispensable ;), te daré las coordenadas de mi estrella actual ;)

    BESOS MILES!!!!!! un placer encontrarte de nuevo!! ;)

    ResponderEliminar
  4. A todos:
    En el 2009 estuve muy activo con el mundo bloguero. En el 2010 absoluta ausencia.
    Creo que este años sera mitad y mitad, algo es algo, pero no abandono ni los olvido.
    Besos y abrazos.

    ResponderEliminar
  5. Geni, amiga, no se como vendra mi año, pero intuyo que sera repartido, a veces si, a veces no.
    Pero sigue vivo el sitio, no lo abandonare.
    Besos agradecidos para vos.

    ResponderEliminar
  6. Es cierto. A veces, demasiadas veces, cuando una silueta absorbe toda la luz a nuestros ojos, no vemos a la persona entera, y se termina con el tiempo viendo a un@ desconocid@. Y, también es cierto que cuando pasa la magia, descubrimos a un ser más feo del que aparecía anteriormente. Una salida a tiempo es el menor de los males.

    Un abrazo

    Me ha encantado tu relato con esa pizca de entrega y erotismo.

    ResponderEliminar
  7. Antoniatenea, como siempre tus elogios me apabullan, de veras, hasta la emocion.
    El analisis que haces de lo que escribo y las conclusiones que sacas me motivan a seguir publicando.
    Gracias por tus palabras, son maravillosas, como vos.
    Besos, muchos, como siempre.

    ResponderEliminar
  8. Isis querida, es tan intenso, tan profundo lo que decis que una leida no me alcanza, tambien yo debere releer y seguir aprendiendo de todo lo que tu sabiduria ofrece.
    Todo lo que me comentas, siempre, me elogia enormemente, si lo que escribo da para tan grande analisis entonces creo que se justifica mi escritura.
    Gracias por el estimulo.
    Mil besos para vos.

    ResponderEliminar
  9. Lys:
    Y a mi me ha encantado tu tan preciso comentario. Es la primera vez que pienso que tal vez tambien yo ya no encontraba en esa relacion mas como para continuarla. No estoy seguro de lo que digo luego de lo que conte al final del relato, solo digo que me hiciste mirar la historia de otra manera, una mas.
    Besos.

    ResponderEliminar
  10. Ningún ser humano está construido por una sola pieza. Todos somos la recreación de un momento de luz y de otro de sombra. Buscar tan solo una cara, una faceta única y constante en el ser que decimos amar, es de alguna forma encontrar la satisfacción a la necesidad de sentirnos amados sin comprometernos y entregarnos totalmente.

    Pero entregarnos...ahhhhh...de verdad entregarnos...esa será otra historia. Buscareemos incansables el calor de esa piel que pueda cobijar no solo la carne palpitante sino el espíritu adormecido. Tomar al otro tal cual es, con sus momentos de belleza y fealdad, con esos episodios de lucidez y con esos otros de locura. Besar los defectos lo mismo que las virtudes y aceptar que dentro de nosotros cohabitan de igual forma, los ángeles y los demonios que nos acechan en el temor a perdernos dentro del laberinto de emociones del otro.

    Aceptar al otro tal cual es, es casi tan importante y necesario como aceptarnos a nosotros mismos. Si no es posible, debemos soltar la cuerda abrazar la experiencia, atesorarla y permitir que nos enseñe en su esencia el olor de otras flores quizás más complejas, a ratos más sencillas, pero indudablemente siempre sublimes.

    Cx

    ResponderEliminar
  11. Mi querido argentino:

    Ahí estás, entre los enlaces de mi blog, esperando sin prisas que nos hables de todo esto cómo sólo tú eres capaz de hacerlo. Sencillamente emocionante.

    Es curioso que luego apareciera Cortázar por tu texto. Cuando yo principiaba la lectura del mismo, me vinieron a la cabeza estas palabras de Rayuela (para mí las palabras que dan sentido a todo el libro): Sin palabras llegar a la palabra (qué lejos, qué improbable), sin conciencia razonante aprehender una unidad profunda, algo que fuera por fin como un sentido de eso que ahora era nada más que estar ahí tomando mate y mirando el culito al aire de Rocamadour y los dedos de la Maga yendo y viniendo con algodones, oyendo los berridos de Rocamadour a quien no le gustaba en absoluto que le anduvieran en el traste (final del capítulo 19).

    Luego, amigo, sigo leyendo cada frase con lentitud, detenido en la imagen, buscando un sentido que a veces tendrá y a veces no.

    Me encantó, por cierto, esa belleza que se abre poco a poco.

    Un placer.

    Abrazos que cruzan el atlántico.

    ResponderEliminar
  12. QUE GRAN RELATO MANTUVO MI ATENCIÓN HASTA EL FINAL. ESAS HISTORIAS DE AMOR QUE QUEDAN EN UNO, SON ÚNICAS. REALMENTE ES UNA BELLEZA COMO FUISTE DESCRIBIENDO LOS HECHOS

    FELICITACIONES

    ResponderEliminar
  13. .

    Navegante, tremenda alegria me da tu regreso sumado a ella el placer de la lectura de esta pagina de vida. Sos fotografico o paisajista en la perfecta descripcion del ambiente y de los sentimientos... ah! y ese Sol de media noche que mencionas, me recordo algo que escribi en Alaska.

    Excelentes comentarios han dejado mas arriba me uno a ellos.

    Besos.

    .

    ResponderEliminar
  14. Carla:
    Que buen desarrollo, que grata vision la tuya. Y que gran analisis. Lo tuyo enriquece el relato, ademas me demuestra una y mil veces mas que cada persona es un mundo. Es increible como cada uno ve algo propio al mirar una misma cosa. De todas maneras noto coincidencias mas que gratas en los comentarios en general.
    Besos agradecidos.

    ResponderEliminar
  15. Juanma:
    Mi querido español. ¡Tanto tiempo! Claro que soy yo el que se borro (como decimos en Argentina).
    Es fantastica tu devolucion mencionando y copiando el fragmento cortazariano, ¿quien no se siente cercano al pensamiento y a la manera en que desarrolla el pensamiento el gran Julio?
    Confieso que me sorprendio tu visita, te creia perdido, debo revisar tu enlace, alli voy.
    Abrazos de ultramar.

    ResponderEliminar
  16. Escribir es seducir:
    Bueno, cuanto elogio, gracias preciosa.
    Mas alla de como yo lo relate, debo agradecer el hecho de que llegues hasta el final, fue largo lo que escribi.
    Gracias por la paciencia
    Besos agradecidos.

    ResponderEliminar
  17. Cantaclaro:
    Siempre tu presencia, me resulta necesaria, estoy un poquito en deuda con las visita a los blogs, encima vos tenes varios. De todas maneras me parece recordar algo de eso que mencionas que escribiste, prometo enseguida pasar por tu casa.
    Besos.

    ResponderEliminar
  18. Navegante me alegro que hayas vuelto y además con un texto tremendamente cautivador. Aún siendo un texto largo desde el principio engancha, tienes esa forma de describir detalles que llegan muy dentro.

    Un abrazo de bienvenida y Mucha Luz.

    ResponderEliminar
  19. Rosa Arauz, amigas como vos son la luz. Tus palabras son muy tiernas, quedo muy agradecido por tu visita. Y gracias por la paciencia.
    Besos.

    ResponderEliminar
  20. hola Navegante!! hay premo en mi blog :D pasa y saludos!!

    ResponderEliminar
  21. Nenina:
    ¡¡Gracias!! luego paso por alli, besito.

    ResponderEliminar
  22. Hola Navegante, no sabía que habías vuelto por estos lares, los reencuentros siempre son una fiesta.
    Admiro tu capacidad para abrir las puertas de tu pasado al mundo, no cualquiera puede poner sus sentimientos más recónditos en una vidriera, aunque esta sea virtual. Tierna, dulce historia la tuya. La mía, por aquella época y la misma edad, la guardo bajo llave ;)

    Gracias por compartirla.

    Besos.

    ResponderEliminar
  23. Bueno Navegante, ¡tremendo blog que tenes! Aprecio que hayas pasado por el mío atraído por su nombre. Te sigo desde ahora.
    Las mujeres que has amado o te han amado deben estar muy halagadas por lo que le dedicas.
    Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires

    ResponderEliminar
  24. PD: si tenes granas te invito a conocer mis otros blogs.
    ¡Un abrazo más!

    ResponderEliminar
  25. Liliana G:
    Gracias por lo que me decis, pero en realidad no tengo ninguna capacidad en especial, escribo porque (aunque suene grosero) para mi es como vomitar. Sera por eso que busco poner alguna que otra metáfora por ahi.
    Te dejo un beso agradecido.

    ResponderEliminar
  26. Susana Inés:
    Muchas gracias por tu elogio.
    Te cuento que conozco tus blogs, pero por cuestiones de conexion (no tengo y dependo de los ciber) no puedo dedicarme a comentar mucho, pero no dejaré de pasar por allí.
    Besos, muchos.

    ResponderEliminar
  27. Mi querido navegante es muy hermoso lo que escribes, cada recuerdo enaltece las memorias de tus amores, gracias por tus palabras en mi blog tu tambien estas en mis pensamientos
    Besitos miles
    Janeth

    ResponderEliminar
  28. Janeth, que gusto verte nuevamente en mi sitio.
    Gracias por venir y por tus palabras.
    Besos también para vos.

    ResponderEliminar
  29. Tus recuerdos pasan por mi mente como una película romántica, aunque se hay un final también se que habrá más capítulos… Me encanta, quien quiere televisión cuando puede venir a soñar contigo. Tu magia y ternura me atrapo como siempre. Un bessito

    ResponderEliminar
  30. MEN, cuanta cosa linda dejas cada vez que venís.
    Besito para vos, muy agradecido.

    ResponderEliminar
  31. Mi querido Navegante,una historia cautivadora y especial,como todas las tuyas.
    Millones de besos y gracias siempre.
    Pd:aunque camine por senderos llenos de espinas , seguiré mi intuición, siempre escucho a mi alma.
    Más besos.

    ResponderEliminar
  32. Morgana, mi guerrera, gracias por tu permanente presencia.
    En todos los senderos hay espinas, pero sé que sabés evitarlas.
    Besos que ahí van.

    ResponderEliminar
  33. Navegante... que divino como escribes....atrapas en cada tramo, que no se puede dejar de leerte, asì sea extenso el relato....queda la intriga de saber el final felìz o no de una màs de tus historias reales de Amor y Pasiòn....y que satisfacciòn para ti haber hallado este espacio para desahogar tus tristezas y alegrìas pasadas por tu vida y que han de seguir pasando por tu manera de ser, y para seguir navegando aqui junto a ti

    un Beso

    ResponderEliminar
  34. Doris:
    Vos sos divina por los comentarios tan cálidos que me dejás. Es cierto, es para mí un lugar perfecto este, en el que puedo deshagoar alegrías y tristezas, no solo porque me gusta el repaso que hago de mi vida amorosa, si no también porque al hacerlo noto que las tristezas no son tan profundas.
    Es lindo vivir.
    Un beso agradecido.

    ResponderEliminar
  35. Le das un cambio a tus historias que nunca son como imagino. Y con reflexión final, que es como me gustan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lectora, el cambio lo ha dado la vida misma, lo que yo hago es simplemente escribir las historias lo mejor posible.
      Agradezco tu paciencia para leer mis extensos relatos.

      Eliminar
  36. Hola Navegante...
    Exploro tu blog, y encuentro grandes historias como ésta..., tiene mucha melancolía impresa, aires de pérdida, incluso vientos furiosos que se llevan aquello inacabado, y es que hay historias que empiezan por el epílogo, se intuyen demasiado , aunque se nos cuelen bajo la piel, quizá por eso se vuelven tan indispensables, incluso aditivas..., lo importante es que las hemos vivido, y con el tiempo, se les cae ese halo hechizado, que nos mantuvo tan adheridos a ella, pero nunca su autenticidad... Como siempre un placer reencontrarme entre la fresca cascada de tus letras...

    PD. No te preocupes por leerme o no, eso responde a las necesidades de nuestra vida, y de momento voy a seguir en mi espacio, para cuando tu tiempo y tu vida te permita reencontrarte con mis huellas... Gracias... Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amiga, hiciste un análisis más que bueno, no tengo nada para decir, solo agradecerlo porque me pareció sumamente objetivo. No me siento escritor profesional, no lo soy, pero análisis así vale la pena recibir.
      Y paso por tu sitio por placer, me gusta tu filosofía hecha poesía.
      Besos para vos.

      Eliminar