Este sitio contiene una serie de relatos sin orden. No es de actualidad y por eso lo anterior es tan válido como lo último. En la columna de la derecha, en la sección "Para leer" están los enlaces a cada texto. Espero les gusten, gracias.

Todos los derechos reservados.
Obras protegidas por copyright.

facebook:
navegante del alma

Veredas lejanas



Al bajar del coche dirigí la vista hacia la puerta de entrada y vi que venía hacia mí -aceleradamente y con una amplia sonrisa- una chica vestida de rosa. Larga vestimenta, propia de la fiesta en cuestión, tacos bajos, graciosamente sensual en el marco de una bien delineada redondez física: un bombón rosado. Me abrazó con fuerza y mirándome a los ojos me nombró. Pero ¿quién es?, me pregunté.

Resulta que un amigo de la infancia pasó a buscarme con su coche para ir a un salón de fiestas; se había casado otro amigo y allí nos esperaba un cuarto amigo, todos conocidos de esa época infantil y pre adolescente.
Aquellos años habían sido dulces y cálidos, con juegos elementales y sol en la espalda, días lentos que derivaron lentamente en una ingenua pubertad propia de esas décadas. Éramos apenas tres amigos, luego se sumó otro y finalmente un quinto cuando ya rozábamos la adolescencia, todos viviendo dentro de una distancia de no más de cincuenta metros.
A veces veíamos a lo lejos -casi como si fuera otro barrio- un grupo de chicas, sin identificarlas, sin acercarnos. Apenas tres o cuatro de ellas se juntaban allá en otras veredas para pasear su tierna picardía compartiendo helados o chocolates. A ninguna conocí personalmente, era solo verlas de lejos y no más que eso; caras lejanas sin rostro definido.

Pero vuelvo al momento en que -perdiéndo de vista a la chica que me saludó- entramos al salón. Era casi el final de los 80s.
Con gran abrazo me recibió el recién casado, luego su hermana y mi otro amigo. Lo convencional: sentados en una misma mesa comenzamos a compartir la comida, los brindis y las risas. Poco después todo el mundo desparramado o bailando, nada novedoso. Me había quedado charlando con quien estaba a mi derecha, y percibo que alguien se sienta en la silla vacía de mi izquierda. Ella nuevamente.
-No te acordás para nada de mí ¿no? Se te nota en la cara. Soy Ana, una de aquellas chicas de tu barrio de la infancia.
Poco después de mi pubertad, una mudanza me había llevado a otro barrio, distante. Mantuve contacto con uno de mis amigos y muy de vez en cuando con los otros. Pero de aquel grupo de chicas, ni el recuerdo. No tenía la menor idea de quien era ella ni sus amigas.
Sin darme tiempo a reaccionar, luego de servir dos copas y alcanzarme una me dijo:
-Brindemos por nosotros.
Y lo selló con un beso en la mejilla.
Sin saber como reaccionar, me dí vuelta hacia mi amigo quien, con burlona sonrisa, me susurró: "esta mina hace dieciocho años que está caliente con vos".

Dos horas en la puerta de un bar. ¿Puede ser que un hombre espere tanto a una mujer sin irse luego de, como mucho, media hora? Si, acá está escribiendo eso el paciente personaje.
Al despedirnos la noche anterior, y ante la vista de todos, deslizó por uno de mis bolsillos un papel con su número telefónico. Al otro día la llamé y quedamos para esa tarde en encontramos ahí, en la puerta de ese bar al que yo adornaba como estatua desde hacía dos horas. Pero llegó.

Tapándose la cara y con sonrisa de disculpas, se acercó a saludarme. Su cuerpo al caminar era decidido, pero tenso, esta vez vestía pantalón y remera bastante ajustada. Estaba buena, robusta y bajita, pero bien formada. Entramos.
La charla fue obvia, la infancia, el barrio, los vecinos. Ella conocía y recordaba el nombre de todos nosotros. Yo el de ninguna de ellas, las de las veredas lejanas.
Sentados muy cerca el uno del otro charlamos como dos horas y el beso en los labios llegó naturalmente. Y como cada mujer es un universo aparte -por suerte- me sorprendió una vez más: mientras nos besábamos tomó mi cara y deslizó su mano con el reverso bajando por mi pecho y sin sutileza alguna se detuvo unos segundos presionando mi miembro.
-No entendí -le dije-, ¿podés repetirme el comentario?
Y lo repitió.

Recuerdo un libro de psicología o algo así en el que se aconsejaba agradecer a la persona que nos diera placer, cada vez que nos lo diera. A mi eso me parecía ridículo, pero Ana debe haber leído lo mismo por lo siguiente.
Al entrar a mi departamento nos sentamos en el sillón grande y sin mucha vuelta comenzamos a manosearnos. Decidí que era hora de empezar a dominar un poco la situación recostándola a lo largo y boca arriba. Introduje mi mano por debajo de su pantalón y empecé a frotar su clítoris. No tardó en llegar al orgasmo y, al calmarse, me miró fijamente diciéndome "gracias". Libro estúpido.

Los últimos reflejos del día se metieron por la persiana de mi cuarto. Sobre la cama dos cuerpos agitando amores, nuevos por un lado, viejos por el otro. Por encima de mí, a un aliento de distancia, desde su boca surgieron triunfales sus palabras:
-Estoy haciendo el amor con el amor de mi vida.
Tal confesión no puede ser pasada por alto. ¿Cómo no recordarla por eso tan especial y único que me hizo sentir?

Casi al amanecer, sin que hayamos dormido ni un minuto, Ana incorporó su nutrido cuerpo y desnuda se puso a recorrer el cuarto mirándolo todo. Deslizaba con extrema suavidad sus pies por el piso de madera con las manos cruzadas por detrás. Cada cuadro, cada mueble, cada detalle decorativo era observado como para no olvidarlo jamás.
Nos vestimos, la acompañé. Y fin de la primera jornada amorosa.

Regresé taconeando las baldosas del estío de mi segundo barrio. Pero mi mente esa madrugada estaba más allá, en otras veredas, intentando repasar viejos rostros olvidados. Fue inútil, las caras infantiles de aquellas niñas lejanas no venían a mi. Viví un tiempo más ese amor nuevo con toques de nostalgia por lo antiguo. Y la pasión se me consumió un día como el grato café bebido en el momento justo; el amor a veces acaba.
Podría decirse que fue atrevida, o que su actitud fue procaz, pero sería un error. Llegué a conocerla lo suficiente como para otorgarle el adjetivo justo: valiente. No dejó de soñar con lo que deseó desde pequeña y cuando tuvo la oportunidad no la dejó escapar, venciendo temores.

La sensación que hoy tengo es extraña, fue un amor de barrio... y no lo supe.

No tengo ninguna relación musical con lo vivido con ella, pero el clima más parecido lo da un también antiguo tema, como si fuera cantado por esas niñas: "Mister Sandman" por The Chordettes.

 

14 comentarios:

  1. Otra bella historia de amor , como dices de barrio pero no por ello llena de aventura y un poquito de misterio ..
    Gracias por compartir tu historia con ellas nos llevas al amor de juventud , de adultos y de madurez..
    Un abrazo y feliz velada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buen comentario Campirela, gracias y un abrazo.

      Eliminar
  2. Hola navegante , muy bonita historia de amor vivida apasionadamente , un amor de juventud adolescente , esos jamás se olvidan , te deseo una feliz noche , besos de flor .

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Flor, más bien sobre el final de la adolescencia.
      Besos para vos.

      Eliminar
  3. Ah, qué buena historia, sobre todo ese final que deja en el aire tantas cosas!
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lunaroja, puede ser que el relato deje flotando cosas, pero en la vida real... ahí se terminó.
      Abrazo retribuído.

      Eliminar
  4. Mi querido argentino:

    Intimar.
    En la acepción que aquí nos importa, nuestro colega el diccionario define intimar así: introducirse en el afecto o ánimo de alguien, estrechar la amistad con él.
    En fin, allá cada cual con sus definiciones aburridas y sus necesidades fisiológicas.
    Intimar no es sino mirar a los ojos del otro con sinceridad, descartando que la hipocresía y los desengaños acumulados, el miedo que produce lo que tenemos alrededor, el vuelo frágil y azul de los sueños, las huellas dejadas en una cama, los caminos recorridos, las flores pisadas, los restos pequeños de lo que somos, la simpatía con la que nos saludan al pasar, los domingos por la tarde, los martes al desayunar, todo lo incomprensible, el final de los cuentos, el paso eficaz, paciente e incansable de ese viejo aliado al que llamamos tiempo, los libros leídos y los gestos usados, la ropa de saldo y temporada, la comida compartida, el amor a punto de salvarnos y que antes de hacerlo concluye o se marcha, las preguntas absurdas, la vida creciendo en tierra de metáforas, el duermevela en noches urbanas y maniqueas, las causas comprometidas, lo que ignoramos, nuestros primeros pasos tambaleantes ante las risas de papá y mamá, las canciones que acompañaron a una cita, acaso la primera de todas las canciones y de todas las citas, la espera de un autobús, la nostalgia sobre una almohada blanca, el sexo descubierto al salir de casa...intimar es mirar al otro con sinceridad y descartando, digo, que el dolor incrustado en el alma, que todo lo que nunca fuimos y jamás seremos, se interponga entre las miradas.
    Sí, intimar.
    Qué cosa.

    Aquel encuentro con aquella chica te hizo volver a juegos aún más elementales. Luego, cuando todo concluyó, supongo que supiste que el sol continuaba dándote en la espalda. No se mueve, el muy puñetero astro.

    Un fuerte abrazo hacia ultramar.

    Juanma.

    (por cierto, te solicité amistad en tu página de Facebook)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué grande Juanma! (así decimos por acá cuando alguien por sus actos nos parece genial persona).
      Tus comentarios realmente ya exceden lo de un simple visitante de mi blog, llegan al grado de amistad, porque los recibo como si hablaramos con un café de por medio.
      Todo lo que decis es nutritivo, y es bello. Y está dicho desde alguien que sabe vivir y que tiene en su vida valores inalterables. Y que seguramente ha conseguido aquello que todos buscamos, la felicidad (o al menos saber lo que es, no poca cosa).
      No tengo conexión permanente, luego reviso el face y te acepto.
      Gracias mi querido español, un abrazo grande como el océano que nos une.

      Eliminar
  5. Cumplió con su sueño de adolescente, era una niña grande y consiguió disfrutar y hacerte disfrutar a vos.Muy buena historia Navegante.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Rosa, muy amable siempre por pasar por acá.
      Saludos.

      Eliminar
  6. "Y la pasión se me consumió un día como el grato café bebido en el momento justo; el amor a veces acaba.' sublime momento narrativo
    disfrutables letras. saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Michelle, muy grata tu visita.
      Saludos para vos.

      Eliminar
  7. Hola Navegante…

    Amores que no se saben, que se encuentran de paso, que de alguna forma en su ser escueto no quieren ser insignificantes y por ello dejan su rúbrica…, muy decidida en lo que quería, un sentimiento guardado por la casi niña adolescente, que la mujer hace realidad, aquí veo mucha liberación, no hay cerradura en propia cárcel…

    Me encantó volver a leerte…

    Gracias

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Antonia, gran comentario y muy acertado.
      El placer es mutuo.
      Besos retribuídos.

      Eliminar